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Las hojas de un maestro Aunque con frecuencia suelo pensar que toda nostalgia es reaccionaria, pues ni todo pasado fue mejor ni est bien que a determinada edad, como algunos, repleto de oros los bolsillos, o de fracasos y miserias, se dedique uno a contemplar "cmo se pasa la vida, cmo se viene la muerte tan callando"; siempre es bueno aprovechar esos estados ntidos de conciencia que al llegar a una determinada etapa de su desarrollo, nos acercan al recuerdo y a la gratitud de quienes, ms para bien, que para mal, nos aproximaron con sus vivencias y su gua, a los primeros impulsos de nuestras bsquedas cognoscitivas. En econmicas palabras: nuestros verdaderos Maestros. Por eso, y aunque annima, cual tantos maestros de banquillo que dieron su vida til a sus alumnos, mi ms remoto "flash back" se enfoca a la maestra Amalia, anciana mujer a punto de jubilarse entonces; quien me condujo por los iniciales y mgicos vericuetos de ese metalenguaje denominado escritura, que en el escenario de lo que segn tradicin, haba sido la casa de la Malinche frente a la Plaza de Santo Domingo, escuela Daniel Delgadillo para mi poca, como un descubrimiento maravilloso, me permita grabar lo que pensaba en aquellos cuadernillos de mis imagineras infantiles y despus, el deleite de descubrir su lectura y la de otros. Oh, Rosas de la Infancia! Quin no ha recibido algo admirable de sus maestros normalistas? Hasta los ms sabios o los ms poderosos; hasta los ms ricos o los ms crdulos y viceversa; en alguna ocasin recibieron algo de un verdadero maestro. Despus, navegando entre, por desgracia, advenedizos del magisterio, sin vocacin, simples trampolineros, piratas; transcurrieron los aos de una escuela primaria convertida en represora. Roto el imposible retorno al paraso de mi primer y segundo aos escolares, los profesores nefastos que siguieron, en algo me ayudaron: sentir esa extraa movilidad interna de buscar modos apropiados para cambiar la educacin, lo cual me condujo con el tiempo, a intentar ser un maestro profesional. As inici mi profesiograma. Durante mis aos adolescentes descubr en la Secundaria Anexa a la Escuela Normal Superior de Mxico las voces y los ejemplos de un promisorio cambio para las generaciones que venan tras de m: fomentar el amor por el saber, la pasin por la cooperacin social y la responsabilidad de perfeccionarnos creativamente en pos de lograr "la mayor felicidad individual dentro de la mayor felicidad colectiva". All estaba el maestro Arqueles Vela con su emotivo contagio por la vida y por el arte; Jos Vizcano Prez con su entusiasta impulso para el armnico desenvolvimiento apasionado de nuestra personalidad a partir de una prctica del lenguaje en todos los mbitos de la vida y Moiss Jimnez Alarcn envolvindonos con su lectura en voz alta tras descubrir en la biblioteca la resonancia de voces inmortales adormecidas en las pginas de libros que amorosamente reconstruamos en nuestra mente y sobamos algn da acaso reescribir. Ms tarde el maestro Ermilo Abreu Gmez y la maestra Rosario Mara Gutirrez Eskildsen puliran nuestros caminos expresivos con las azules miradas de sus ojos complacientes y comprensivos. Y fueron los testigos disciplinantes de nuestros afanes lingstico literarios y su proyeccin educativa. Si no hubiera atendido a todas las emociones, valores y saberes que dieron ellos a mi vida personal, acaso se habra convertido mi existencia en la de cualquier vano escritor cnico de best sellers, perdn, grandes mercachifles de libros engaones. Ellos me indicaron aspiraciones menos marchantes, pero ms altruistas. Sin embargo, quienes incrementaron mi vocacin magisterial e indirectamente me conectaron con ese otro fascinante universo, el de la pedagoga cientfica, fueron los maestros Ballesteros: Antonio y Emilia. Ellos, esposos en el exilio, desgajados de su patria, mala madre Espaa, orientaron mis ensueos didactas hacia lo mejor de la Europa de entonces. As entr en el mundo de Ovidio Decroly y de Mara Montessori; de Piaget, de Bruner y de Vigotsky. "Si quieres romper la miopa nacional, hay que leer en otras lenguas.", recuerdo que me decan y el reto se abri para aquella primigenia investigacin ma: La Globalizacin de la Enseanza en el primer grado de la escuela primaria. Mal ledas tal vez, en francs, en ingls, en italiano, pero pude acercarme a las grandes ideologas pioneras y originales de la nombrada y renombrada durante todo el siglo XX, como nueva educacin. Eran los aos 60 63. Despus vinieron otros estros a seguir moldendome: Emma Godoy, Emilio Alarcos Llorach, Cedomil Goic, Eugenio Coseriu, Bernard Pottier, Noam Chomsky, Jerome Bruner. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Mis maestros, con el tiempo inevitable, me dejaron, pero nunca me han abandonado. Sus libros me siguen hablando, orientando, discutiendo. Me sorprendo de verlos an tan frescos que ni los actuales investigadores educativos ugg boots on sale for cheap lo han logrado. Pareciera que en un eterno recircular, las burocracias se empean en imponer lo mismo, aunque con otro nombre, pero sin la dosis magisterial de vocacin necesaria. Despus de que todos ellos partieron, sus enseanzas revolotean en las palabras arquelianas: "S maestro de ti mismo para poder ser maestro de los dems". O en las eskildseanas: "Estudia; aprende siempre; aprende a ensear y ensea a aprender". Hoy que, para rematar nostalgias, "a veces lloro sin querer", no miro al pasado, sino me transformo a lado de la vida, porque la dialctica que me ensearon mis maestros, sigue moldendome y me da la fortuna de seguir intentando llegar a ser, como ellos, un buen maestro que escribe su ruta experiencial para quien desee ir ms all. Quin valora la obra de los verdaderos maestros en Mxico? Y no simplemente la didctica, sino la que trasciende escuelas: la cientfica, la tcnica, la filosfica, la artstica. Cundo existir un premio nacional de Pedagoga en nuestro pas? A qu maestros se les otorgar por la constancia de su obra educadora y proyectada en publicaciones, investigacin y creacin continuas? Quin reconocer los mritos cuantitativos y cualitativos de los maestros que han salvado a multitud de nios, adolescentes, jvenes y hasta adultos, de las perniciosas influencias del sistema consumista vulgar que nos corroe y les ha orientado hacia el camino humanstico de la creatividad, la responsabilidad social, el deseo de saber y la voluntad de perfeccionamiento tanto de s como de su entorno? Las medallas con las cuales se premia a los maestros de mayor resistencia en el sistema educativo, como todos sabemos, se otorgan por la antigedad que logran acumular, pero que se sepa, nunca se han otorgado por el nmero de brillantes discpulos formados. Acaso no hay una continuidad en los afanes del conocimiento. Nadie posee una maravillosa estafeta que transmitir? Ser que los maestros se han conformado con ser meros profesores y actualmente se preparan de modo muy eficaz para constituirse en conductores, como choferes de un autobs repleto de masas, donde el discipulado no tenga razn de ser? Ojal que una futura educacin neohumanstica revalore la accin que puede existir ms all de la escuela entre el maestro y sus discpulos y no la centre en documentos y tumbas burocrticas. Por eso, referirse al magisterio no es designar a un abstracto y heterogneo grupo de institucionalizados trabajadores cuyo sindicato parece ser el ms grande de Amrica; no, hablar de magisterio es significar una accin altruista incesante que seres dotados con una vocacin amorosa y admirable van desarrollando durante toda una existencia; paso a paso; sin intereses bastardos; sin bsquedas promocionales; sin acomodaticias ficciones de progreso para asegurar un presupuesto en el gobierno en turno. Hablar del magisterio, es narrar las aventuras y desventuras de quienes han intentado dar lo mejor de s mismos, sin esperar nada a cambio para s, sino para quienes como sus alumnos, suean que sean lo mejor para el bien social. Sin ttulos neoaristocrticos despus para nada Zaratustra, Lao Tz, Sidharta, Hermes Trimegisto, Moiss, Pitgoras, Scrates o Jess ejercieron su magisterio, entre tantos otros admirables maestros de la remota antigedad. Ah, esos eran seres geniales! Dirn algunos incrdulos y escpticos post. Sin embargo, ms all o ms ac del mito, fueron tan humanos como lo somos nosotros y las circunstancias de su tiempo tan distintas; no tenan sueldos fijos, que slo el tesn de su amor a la sabidura y a la lucha por no dejar morir la flama inapagable de lo perfectible, de la virtud creadora, los hizo alcanzar el nivel heroico en la guerra florida de la humanidad. Ellos, sin duda, tambin discutieron con la burocracia de sus tiempos; y eran tiempos ms crueles. Y sin embargo, vencieron. El amor humanstico gui su magisterio y crearon discpulos inmediatos y en el tiempo. Bendito sea su eros pedaggico, pues an siguen influyendo en tantos seres iluminados por el mundo de la inteligencia que nos legaron como heredad. Platn amaba a su maestro Scrates; Aristteles amaba a Platn, pero no se cegaba, porque amaba ms a la verdad; sin embargo no pudo con Alejandro, porque cheap ugg boots for girls ser discpulo tampoco es maniatarse a nuestro gua, al gran "gur", al "huey tlatoani" (el gran sabio orador). Exige el juicio crtico que supere los errores del maestro y nos aproxime mejor al conocimiento externo e interno. Se es leal discpulo de un magisterio, si se extiende corregida, mejorada y aumentada, la obra del maestro. Seremos grandes maestros si conducimos a nuestros discpulos por el sendero que nosotros no pudimos superar, pero que ellos habrn de lograrlo. Y en la cadena de magisterios a distancia los ejemplos abundan: Kepler y Galileo reaccionaron contra Coprnico; Newton los mejor; Maxwell lo hizo entrar en conflicto y Einstein lo resolvi. Hoy la teora cuntica. y as. Freud influy en Adler y ste vari el original; al igual que Jung u hoy Lacan. Russell desencaden tantas controversias como discpulos y escuelas; y qu decir de Saussure o Sapir; y Marx o Wittgeinstein; Piaget o Vigotsky, Maestros que a travs de sus escritos realizaron magisterios excepcionales por la multitud de discpulos que generaron. Los dichosos niveles de excelencia y competencia no se pueden impartir curricularmente en pos de estndares, son la innata vocacin cuasi mstica de quienes apasionadamente construyen su magisterio y van forjando su discipulado. A los robotizadores slo les aguarda el vaco. Los neobizantinos han discutido mucho en torno de los rasgos adecuados que un maestro ha de tener para ejercer su profesin y las opiniones son varias y vastas; los denominados hoy, perfiles acadmicos, buscan las pragmticas de la excelencia y pretenden la mayor competencia entre el magisterio; ignoramos si los profesores puedan competir como atletas o marcas vendibles para ganar una carrera que de s, no posee metas eglatras, pues curiosamente, el xito de las probables competitividades entre educadores, devienen altruistas. El triunfo autntico de todo maestro, en el sentido de otras profesiones ms comerciales, nunca ser directamente para l; aunque en ello gane su mejor premio; sino para sus alumnos, en cuanto stos lleguen a una maduracin redituante para la sociedad que invirti en ambos. Obvia cursilera para muchos, arrinconado en el olvido, el buen maestro contemplar el ascenso de quienes fueron sus alumnos y desde el silencio de su satisfaccin, acaso bonachona, como aquel viejo maestro citado por Don Vicente Riva Palacio, en su cuento El buen ejemplo, aceptar gustoso la conviccin de ver a su antiguo nio, o adolescente, o joven, encumbrarse para el bien social. Por supuesto que tambin suele darse el reverso, para avergonzarse de aqul en quien vio promisorias esperanzas y cay por perniciosas influencias en azarosos desquiciamientos. An as, el maestro verdadero estar all para ayudar. Sin duda que las monedas sabias que el maestro distribuye entre sus alumnos, cuando es de vocacin y no de paso, aspiran a dejar para cada uno de ellos, el anverso. Sin embargo, las vueltas de la vida, no lo salvan de haber fallado con algn Melito, Judas o Bruto. Humanos somos. Por tanto, al margen de todas las tecnocracias, existe una caracterstica vocacional del buen maestro que jams podr ser negada o relegada por los "investigadores educacionales", pues la propia manifiesta presencia de que ha hecho gala a travs de toda la historia, demuestra su validez. Se trata de la cauta y virtuosa intuicin de saber seleccionar de entre su alumnado, a aquellos que responden a las esperanzas creativas del maestro para encauzarlos en el progreso de sus propias habilidades o gustos cientficos, tcnicos, filosficos o artsticos. Esto es, en el clebre orgullo de la expresin, sus discpulos; sean hombres o mujeres, para eliminar el tan cacareado machismo de la gramtica. Y es que todos los grandes maestros, aunque no hayan sido normalistas ni universitarios ni politcnicos, simples autodidactas algunos, han procurado formar discpulos. El maestro de cualquier escuela es un profesor y quienes reciben su influencia, sus alumnos, o educandos o estudiantes o aprendices. o aprendientes, cual algunos "tradutori" han impuesto que se diga hoy. Despus, sin ms intercomunicacin, se convertirn respectivamente en el exprofesor y los exalumnos. Mas cheap ugg classic short la sabia intuicin del maestro y su tacto consecuente, siempre captar, an en los ms abruptos, la presencia de tierra frtil donde pueda, poeticidad trillada, sembrar la inquietud y la persistencia del saber y la bsqueda del reto creador. Desgraciadamente, un seguimiento para todos los alumnos que constituyen su grupo o sus grupos no es fcil o tan posible; pero quedan los dems buenos maestros que guiarn lo que alguien, por ms vocacin que posea, no podr. Pocos, pero brillantes.

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